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Tenía que venir algo a parar nuestro ritmo, a detener nuestra loca carrera por la vida

Tenía que venir algo a parar nuestro ritmo, a detener nuestra loca carrera por la vida. Viajes aplazados, bodas canceladas, reuniones pospuestas, planes suspendidos. Tenía que venir una enfermedad a ayudarnos a valorar nuestra salud, a valorar a nuestra familia, a nuestros amigos, a nuestro mundo. Pero más que nada, tenía que venir una pandemia a hacernos volver la cara a Dios, a caer en la cuenta que no importa cuanto podamos tener, sino hay salud de nada sirve, sino hay vida, hay muerte, sino hay apoyo hay riesgo, sino hay unión hay egoísmo, sino hay fe, hay oscuridad.
Y es que es es en el recogimiento interior cuando aprendes a guardar silencio, ese silencio que nos lleva a grandes pregunta,s que nos deberíamos de hacer cada tanto en nuestras vidas. ¿Cómo estoy? Preguntarme si estoy a gusto con lo que soy ahora, con lo que estoy haciendo ¿Qué quiero hacer con lo que estoy haciendo? Saber si el rumbo que está tomando mi vida, es el indicado, el que de verdad deseo ¿Cómo estoy amando? Abrir los ojos a la realidad de como me perciben los demás, si de verdad aporto algo, mi tiempo, mis talentos, mi vida misma. Y así podríamos agregar muchas otras interrogantes.

La cuestión, es que ahora que tenemos una amenaza real en nuestra vida, ahora que sabemos de gente que muere, que tal vez veamos morir a gente que queremos o tal vez nosotros mismos muramos. El miedo y la incertidumbre, se puedan volver nuestras emociones predominantes. Si así nos lo permitimos, sentirse en peligro nos puede apanicar o nos puede ayudar a disfrutar del tiempo, de cada instante que tenemos hoy que estamos con los que amamos para gozarnos, acercarnos más, perdonarnos y sanarnos unos a otros.
El encierro, el acostumbrarse a estar 24/7 juntos, nos hace reflexionar que a lo mejor creíamos que sí estábamos juntos, pero no unidos, que la comunicación varía, que ya no hay necesidad de chats o video llamadas, que ahora podemos vernos a los ojos, inventar maneras de coincidir, crear rutas de convivencia, aprender a cuidarnos…

Y que también gracias a la tecnología podemos reencontrarnos con la familia que estaba a la distancia, con las amistades con las que ni tiempo de mandar un meme nos daba. Vivir el aquí y ahora, nos puede ayudar a dejar de lamentarnos por el pasado y a dejar de preocuparnos tanto por el futuro. Nos ayuda a crear lazos mas íntimos co los cercanos y los lejanos. Eso es sanarnos, es es re encontrarnos, no es solo ayudarnos a rehabilitarnos si enfermamos, se trata también de reconciliarnos, de re habilitar nuestras relaciones y renovar nuestro amor, poder silenciarnos de las preocupaciones mundanas, para centrarnos en el amor que le tenemos a los demás, a la vida, al mundo que no s regaló nuestro Creador, y de paso descubrir que tanto me amo y me valoro, porque solo así puedo darme mejor a los demás.

Estamos en un tiempo perfecto para ver a Dios a la cara y gritarle nuestro enojo o confesar nuestro escándalo. Estamos ante la oportunidad de valorar y acercarnos a quien nos creo por amor, esa es nuestra Verdad, fuimos creados por amor, desde el amor y para el amor. Él sufre con nosotros, sufre por tanto desequilibrio, por el desorden que nos ha llevado al caos. No es espectador, está aquí llorando nuestro dolor, sosteniendo nuestro miedo, esperando nuestra atención.

Y cuando todo esto haya pasado, lloremos nuestras pérdidas, nos volvamos a reunir, a abrazar a reír, a disfrutar de las calles, de todo aquello que dábamos por hecho, descubriremos que ele sentido de nuestras vidas va más allá de la simpleza con la que tal vez muchos vivamos, que el disfrutar de la vida requiere de tiempo, que podemos ir más lento y no pasa nada, que tal vez eso es lo que necesitábamos para conectar con nosotros mismos y con los demás. Y así podremos decir con verdadero conocimiento de causa, que las crisis son granes oportunidades, si sabemos aprovechar este tiempo para descubrirnos, amarnos y confiar en Dios.

Entonces, habremos encontrado el gran regalo que nos brinda la virtud de la esperanza, entre otras cosas, a saber esperar y a confiar en que todo, a pesar del dolor, va a estar bien. Saldremos renovados, más sanos o con ganas de sanarnos y sanar a los demás, con mas gusto por la vida y con una idea clara de lo que son las segundas oportunidades. ¡Que así sea para ti, para mí, para todos!

 

Nicté Sánchez Badelt – Fundadora de Let’s Rewind

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