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¿Cómo interiorizar y tomar conciencia? – Examen de mi día

En mi artículo anterior escribí sobre cómo identificar y revisar de dónde surgen, cómo siento y qué hago con mis propios sentimientos. Ahora quiero dar un paso más. Para los que somos creyentes, la vida espiritual nos lleva a desear un crecimiento integral y buscar cumplir la voluntad de Dios en nuestras vidas. Para ello tendremos que crecer cada día a la luz de la fe con todo lo que somos: cualidades, defectos, carencias, sentimientos, pensamientos, acciones, etc. Los católicos creemos que hay un combate espiritual y que Dios busca servirse de todo lo que somos para acercarnos a Él, para crecer en el amor. ¿Cómo distinguir cuando algo es de Dios y cuando algo viene solamente de mí mismo? ¿Cómo reconocer la voz de Dios en mí? Uno de los medios para el discernimiento es el examen de conciencia. No hablaremos aquí del examen de conciencia para la confesión, sino del examen del día, tomando el examen propuesto por la tradición jesuítica. Me apoyaré en materiales de las Guías de acompañamiento jesuita y otro texto que recomendaré más adelante. Lo que más me interesa es que cada lector tome este material y lo utilice en su vida diaria, dar pistas prácticas para poder formar un hábito más que dar largas explicaciones teológicas o espirituales, pues abundan materiales en la web y libros para profundizar el tema.

En el mundo que vivimos actualmente, sobre todo en las grandes ciudades, llevamos un ritmo acelerado y agotador que muchas veces no nos deja tomar conciencia de lo que vamos viviendo día a día. Se dice que, para que lo que vamos viviendo se vuelva experiencia, es necesario que tomemos conciencia de lo que vivimos y luego logremos comunicarlo a los demás, que hayamos aprendido algo de cada situación. Sin interiorización, sin toma de conciencia, nuestra vida pasa sin que nos demos cuenta, sin aprender con profundidad, dejando pasar momentos preciosos para crecer, autoengañándonos viviendo en la superficie sin buscar las causas profundas de nuestro malestar y, en el plano espiritual, sin poner nuestras vivencias a la luz de la oración para poder discernir qué es lo que Dios nos va pidiendo en cada situación y lo que nos va dando para encontrar nuestro camino. Cuando le pedimos a Dios que nos dé su luz para iluminar una situación, normalmente Él nos manda signos claros de por dónde debemos caminar, pero sin la toma de conciencia, sin la atención a lo que vamos viviendo, muchísimas situaciones nos pasan desapercibidas. Es por ello que presentaremos el examen del día como un medio para tomar conciencia. Pero queremos aquí también dejar en claro qué es y qué no es el examen desde este punto de vista, pues no es mera introspección psicológica, sino momento de oración.

El examen del día no es un proyecto de autoperfeccionamiento, una introspección vacía ni un moralismo desordenado buscando en qué fallé o qué hice mal. No se trata de buscar una lista de objetivos que quiero lograr y en qué fallo para lograrlos, para ello hay muchas herramientas piscológicas y de desarrollo humano. Se trata de un momento de oración para tomar conciencia del paso de Dios en tu vida y desarrollar una sensibilidad hacia ello.

Es maravilloso porque:
  • Me une cada vez más estrechamente con Dios
  • Me revela el punto de vista de Dios acerca de mi vida cotidiana
  • Me mueve a la alabanza y a dar gracias por los incontables dones de Dios que han aparecido en mi jornada, e incluso a percibir la misma presencia de Dios en esos dones
  • Me da la oportunidad de reconocer mis faltas y pedir perdón, de afligirme por mis fracasos y penas y recuperarme de ellos
  • Me ayuda a comprender mejor lo que sucede realmente bajo la superficie de mis pensamientos, palabras y hechos; a conocer la fuente misma de mis motivaciones y maquinaciones
  • Me ayuda a discernir la forma de manejar los aspectos más espinosos de mi vida, a saber los dones interiores que necesito recibir de Dios para hacer mañana lo correcto y a pedir explícitamente a Dios esos dones.

El examen de conciencia pretende desarrollar en nosotros un corazón sensible a las invitaciones de Dios y saber detectar las fallas que no permiten hacer vida el amor. Es una forma de oración diaria, un ejercicio de discernimiento que nos ayuda a tomar conciencia de las invitaciones que Dios origina en nosotros a través de los diálogos, las actividades, las personas y los problemas que tenemos día con día.

El examen de conciencia consiste en recuperar cómo me fue en el día. No es un momento para juzgar mis actos, sino para tomar conciencia de mis actos. El examen puede hacerse mentalmente, pero mucho ayuda hacerlo escrito. Se recomienda hacerse diario o por lo menos una vez a la semana al final de la noche.

1 THIBODEAUX, Mark E. (2015), Recrear el examen ignaciano: nuevas formas de orar desde la vida cotidiana, Ed. Mensajero.

Los pasos para realizar el examen de conciencia, recomendados por San Ignacio, son los siguientes:
  • Pedir luz y gracia para descubrir a Dios en lo vivido.
  • Agradecer los dones del día
  • Reconocer fallas (lo que sentí, lo que hice, lo que pensé)
  • Si hubo fallas graves, hacer una oración de perdón
  • Hacer un propósito para cumplir con su gracia
Otra manera de escribir el examen de conciencia es a partir de los acontecimientos vividos, responder a las preguntas básicas del discernimiento:
  • ¿Qué sentimiento brotó durante el acontecimiento?
  • ¿Qué frase clave llegó a mi pensamiento?
  • ¿A qué me sentí invitado?
  • ¿Qué dice Jesús ante esta invitación?
  • ¿Qué tengo que impulsar, corregir o cambiar?
Otra manera es la siguiente:
  • ¿Qué título o lema le pondría al día de hoy?
  • ¿Qué tengo que agradecerle hoy Dios?
  • ¿De qué personas me ha hablado Dios hoy y qué he comprendido?
  • ¿Qué medios puedo poner para vivir lo que me pide?
  • ¿Qué tentaciones se han mantenido en el día?
  • ¿En cuáles he caído y cuáles he vencido y cómo?
  • ¿Qué medios puedo poner mañana para vivir mejor?
  • Dar gracias a Dios y pedirle lo que necesitas para tener un descanso tranquilo y reconfortante.

Cada quien puede adoptar lo que más le ayude, lo importante es comenzar y apropiarse de lo que más me inspira el Espíritu para responder a las invitaciones de Dios.

En cualquier opción es conveniente iniciar el examen poniéndonos en presencia de Dios, como quien dialoga con un amigo, y hacer un repaso de lo vivido durante el día. Al principio ayuda tener una estructura desde la cual guiarnos para elaborar el examen, después cada persona tomará su propia manera de examinarse, conservando la intención de detectar las invitaciones del buen espíritu y los engaños del mal espíritu.

El examen de conciencia es una herramienta que ayuda a la persona a “vencer a sí mismo y ordenar su vida” (EE San Ignacio 21), es decir, salir de su propio amor, querer e interés. Es la manera en que se disciplina nuestro cuerpo para aprender a captar las mociones que nos conducen a un mayor compromiso por el Reino de Dios y desenmascarar los engaños que nos conducen a disminuir ese compromiso.

Trabajo personal:

Si no tengo el hábito del examen del día, practicarlo por escrito durante toda la semana.
Elegir las preguntas o el esquema que más me ayuda y probar con ese toda la semana.
Al finalizar la semana escribo: ¿sentí alguna diferencia? ¿En qué me ayuda el examen general o del día?

Lecturas recomendadas:

THIBODEAUX, Mark E. (2015), Recrear el examen ignaciano: nuevas formas de orar desde la vida cotidiana, Ed. Mensajero. En este libro el P. Thibodeaux presenta 30 esquemas de examen que te pueden ayudar para todo el mes y generar el hábito.
La Editorial Buena Prensa tiene muchos libros al respecto y una App con una guía para elaborar el examen de manera sencilla, creativa y práctica. Aquí les dejo la App, que se puede descargar en Play Store: Examen Diario, de Buena Prensa. Este es el icono:

Hna. Elizabeth Mendoza MC

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